martes, 8 de marzo de 2011
viernes, 28 de enero de 2011
LO NUESTRO
Lo nuestro es un jardín
con las flores despiertas que nos miran,
agobiadas de tanto
sentir el horizonte sobre ellas,
estrellas que se duermen
dócilmente vencidas por el viento,
pero nunca terminan...
Lo nuestro es este cuerpo
que crece hacia el afán
concluso de la vida,
con un puñal que brilla
aún más sangre que aliento
entre sus labios...
Lo nuestro es este adiós
que tiene tantos signos
de sangre y que por ello
tiñe todo el poniente
de sangre inexplicable para siempre...
Lo nuestro es esta noche
que se extiende a través de las raíces,
hasta llenarlo todo de esta profecía
que se duerme gritando en nuestros ojos.
Lo nuestro es este mar
que sólo se presiente y no se encuentra,
porque es un ala sucia de espejismos
que a todos nos entrega
la rastrera paciencia de sus sueños...
Lo nuestro es esa gloria
de arena en media calle del milagro,
que siempre se convierte
en el dintel de otras lejanías,
allá cuando tuvimos
el trono de la sed,
la paz del vértigo,
el pulso de los cuerpos transfundidos.
Y ahora nada, Señor,
sino este mapa para llegar a Ti,
tan roto y roto y roto por el viento
-por el tiempo también-
que nada queda... y queda...
Lo nuestro es este espejo
en donde llueve el mundo que se fue,
la rosa aquella,
blindada por la noche y por la noche.
Un espejo que, ay,
cuando deba quebrarse,
dejará tantos mundos desatados,
que escogeré mi abismo
cuando tú lo decidas...
LA MULETA
Mi muleta eres tú.
Dame la mano de aire que tienes en tu mano,
tus pezones proféticos que deslumbran la noche.
Dame tu corazón construido totalmente
de estrellas conjuradas.
Que debo dar un paso pequeño
pero eterno como todos los pasos
que damos en el mundo.
Dame tu cuerpo en donde
se citan los espejos
del amor para amarse,
tu piel en donde se durmieran
las deudas de mi ausencia,
y todo lo que tienes
de bandada en los ojos,
en la profundidad,
de ríos agoreros de tus ojos.
Dame el incendio diario
que traes en las manos como un tatuaje,
en donde las llamas acarician.
Dame la sed herida
que te dieron los ángeles,
y ese acompasado
silencio de tu asombro,
que inunda los crepúsculos
que has estado mirando.
Mi muleta eres tú,
yo me apoyo en tu sombra
como Dios en el mundo,
como el mar en la urdimbre
de estelas de sus vidas,
como el cielo que extiende
por brazos horizontes.
Mi muleta eres tú:
Dame la mano de aire que tienes en tu mano.
Deja que apoye en ella
mis huesos caminantes, mis ojos deseantes,
el proyecto de luces
que ha inventado mi sombra.
No me dejes caer ahora que he caído.
Porque la vertical
del cuerpo y de los sueños
es frágil, amor mío.
Es delicadamente amorosa,
cuando algo del mundo la golpea:
límite del abismo.
Mi muleta eres tú,
y por eso te alcanzo
sólo cuando me amas.
martes, 25 de mayo de 2010
EL TATUAJE
Tu tatuaje respira entre la noche,
animalito azul de asombro,
suele emigrar,
cuando no lo miramos
por tu espalda,
lascivamente lleno
de sentencias de amor,
como si él tuviera
un poder que aún no tengo
sobre tu corazón.
El tatuaje es un río tan pequeño:
meandros aquí y allá
insinuando cielos.
Bandada mínima
de letras mínimas
que suscriben un pacto,
con el abismo de alas del amor.
Y en la noche respira
haciéndote el amor,
estremeciéndose
con sus garfios delgados
de pantera,
lascivamente moviéndose
en la noche,
con tu cuerpo que viaja
desde toda la oscuridad
hacia toda la luz.
Ahora mismo acerco mi oído
a la sábana apenumbrada
que te nimba la espalda,
y escucho ese jadeo diminuto
que hace el amor contigo
cada noche,
mientras duermo indefenso
del lado de mi vida.
Él habita contigo
día y noche,
él goza tus prodigios
de ceniza sedienta
día y noche.
Cuando te duermes él despierta
y te lame la espalda,
milímetro a milímetro de asombro.
Y yo aquí,
avanzando en la noche
entre los piélagos
de sal y sombra de mi destino.
Mientras él sólo vive para ti,
extasiado de ti y de tus penumbras,
tan mínimo y voraz
como un nombre de hombre.
